Mientras esto se viene a mi cabeza, hamaco con un pie a mi hijo que está en su cochecito, preparo la mamadera, espero a que se derrita la cera para depilarme y pienso que debo comprarme ropa interior nueva porque los elásticos de todas mis bombachas están flojos, como mi trasero. También le mando texto a la niñera para que venga esta noche, a ver si de una vez por todas puedo salir a cenar con mi marido, los dos solos. En el ínterin, hablo con una amiga y trato de darle consejos para que no se separe y tenga paciencia; en eso paso por la ventana que da a la calle y veo a una madre luchando con una mano para que su niño no se le piante del cochecito, mientras con la otra sostiene a su niña pequeñita que llora con un desconsuelo inconsolable porque tal vez no le quisieron comprar un helado, y suena la chicharra del microondas que me avisa que la carne está descongelada. De fondo suena Sabina: "Yo no quiero un amor civilizado, con recibos y escena del sofá; yo no quiero que viajes al pasado y vuelvas del mercado con ganas de llorar… lo que yo quiero muchacha de ojos tristes es que mueras por mí…". Y me interrumpe el llanto de mi hijo que reclama su mamadera y la cera que se rebalsa y se moja en el baño María y puteo porque mojada ya no sirve. La señora que me ayuda en casa me explica en un mensaje de texto que su angina no sede y que no vendrá a casa esta semana. Mientras le doy de comer a mi hijo pienso que debería ponerme a la noche el enterito negro que me disimula la panza que me ha dejado el embarazo y me hace sentir sexy, tal vez un poco más cerca de aquella mujer que fui antes de parir. Mientras arrullo a mi pequeñito y lo preparo para su siesta, con la mano libre que me queda contesto un mensaje de texto al invitado que viene a mi programa de tele ese día. Acuesto a mi bebé en su cuna y corro al balcón para sentarme a fumar el puchito diario permitido y logro relajarme un poco.
Entonces pienso si estoy haciendo bien las cosas, y Sabina de fondo sigue con su: "Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren…". Y reflexiono si me he convertido en la mujer que soñé o simplemente soy aquella que la vida me ha permitido ser. Corro a bañarme aprovechando que mi niño duerme y mientras huyo desnuda hacia el baño, paso por el maldito y enorme espejo de mi habitación y veo que no tengo las piernas de Dolores Barreiro, sino más bien las piernas chuecas de Diego Torres; que mis abdominales lejos están de ser los de Jéssica Cirio; que mi andar está más cerca de un pato rengo que al de Mariana Arias; que mi sensualidad es más parecida a la de Marilyn Manson que a la de Monroe; que lo más cerca que estuve de ser la Madre Teresa fue ir algún día a misa; y que ni viviendo tres vidas lograré la sabiduría de mi abuela Matilde… Y me pregunto: ¿dónde estará en mí esa mujer perfecta que soñé ser? Me pongo a reír. Río a carcajadas de mi estupidez y dejo que el agua corra por mi cuerpo, lave mi alma y la libere de culpa y cargo.





No hay comentarios:
Publicar un comentario